16 jun. 2011

Mitades que no hacen de escuadra

David era un tío normal, con una vida normal, con una jornada laboral de ocho horas partidas con dos para comer, que normalmente utilizaba para ir al médico, o a hacer la compra, o ir al gimansio. Lo normal.
Escuchaba música normal, un poco comercial quizás y veía peliculas americanas taquilleras. Normalísimo.

Su físico era normal. Ni muy alto ni muy bajo, ni gordo y flaco, ni guapo ni feo.
Le gustaban las chicas normales, sin seguir un patrón, le gustaban al azar pero siempre dentro de un orden de normalidad.
Sabía bien lo que no le gustaba. Diferenciaba con destreza a las chicas que sólo le valían para un rato de las que le servían para años.

Un día que se preveía normal conoció a Estela.
Estela a simple vista era una chica normal. No resaltaba nada en especial de su físico, tampoco es que fuese feucha. Simplemente era normal.
Al igual que David, trabajaba ocho horas de lunes a viernes y tenía dos horas para comer, que también utilizaba para seguir una rutina repartida en ir al gimnasio, hacer la compra semanal, quedar con las amigas a comer, ír de compras y mirar por Internet qué hacer el fin de semana.

David y Estela se dieron los teléfonos en ese día normal.
Era un martes y Estela pensó que aunque le apetecía hablar con él en ese mismo día, lo más acertado sería esperar a que llamase él que seguramente lo haría el mismo martes a la noche.

David en cambio, nunca se planteó llamarla tan prontamente. Los fines de semana de David estaban llenos de compromisos y de Jack Daniels, así que llamaría a Estela el fin de semana para poder librarse por un sábado de esa rutina que aunque le gustaba y mucho, ya la tenía muy quemada.
Mientras tanto ella no daba crédito a que David no la hubiese llamado ya. Pensaba que habían conectado, incluso románticamente llegó a la conclusión de que él había tenido un flechazo con ella.

Cuando amaneció el viernes, Estela había perdido toda esperanza y convicción, y lo que es peor, la poca confianza de llamar ella. Así que hizo planes. Los planes de ella eran mucho más benevolos que los de David. Ella se limitaba a ir de copas una vez al mes. Era una chica muy normal, con alguna rareza como pegarsela un día al mes, algo obsesiva-metódica.
El resto de los fines de semana los dedicaba a descansar y a escaparse de la ciudad con algunas amigas.

Tenía pensado salir rumbo a un pueblecito de costa el sábado por la mañana. El plan era llegar a mediodía y comer en algun chiringuito. La previsión meteorologica para el sábado era buenísima, así que reservaron por Internet un hotel en primera línea de playa y con piscina.

Eran las once de la mañana del viernes, a Estela sólo le quedaban tres horas para salir del trabajo y ponerse con los preparativos del viaje.
En ese momento llegó un sms al móvil. Era David, y proponía ir al cine y de cañas al día siguiente.
A Estela le parecía más apetecible su plan originario de playeo con amigas, pero, siempre hay un pero; eso estaba muy acostumbrada a hacerlo y ya habría más fines de semana. Además, las amigas de ella se apañaban bien solas.
Cambió los planes y accedió a su primera cita con David.

Estela se arregló en su casa a consciencia.
Hacía años que no tenía una cita tan importante como para anular un viaje ya reservado y pagado, no se dejó el más mínimo detalle a su suerte.

David pasó el día nervioso. Hacía tiempo que no salía de su rutina de quedar con los de siempre, aunque a él no le fue ningún problema decidir qué vestimenta ponerse.

Se saludaron formalmente, con dos besos fríos y distantes y unas medias sonrisas. En seguida se metieron en el cine. David se decantó por una pelicula americana sin preguntar, y a Estela le pareció bien. Lo normal.

Pasaron tres años de aquella primera virginal cita.

A David le fue complicado meterse en una relación normal ya que el simple hecho de tener una relación, resaltaba en la normalidad de su vida y eso le descuadraba.
Él no tenía ningun afan de poseer más que un coche, unos pocos amigotes, una tele con un pantallon de 60 pulgadas...sexo esporadico con alguna chica de la barra de cualquier bar...lo normal.
Estela por tanto, no era normal. Estela le había encendido algo en él.
Él lo comparaba con un cuerpo extraño que su cuerpo no toleraba.

Estela en cambio, se sabía la mitad perfecta de David.
Se apañaban bien en casa juntos, la convivencia destacaba por su normalidad. Duchas a la misma hora, se come fuera de casa, en la nevera no hay más que comida ligera para las noches. Una vez a la semana se limpia el neutro mobiliario de la casa. El sexo no esta mal para ser una pareja con tres años a sus espaldas. Por lo menos dos veces en semana surge un fogoso encuentro que no se sale de la normalidad de arriba y abajo y los preeliminares justos y necesarios.
Lo normal.

Un día Estella se levantó muy temprano
Ese día David se despertó muy tarde
No comieron juntos, no se ducharon a la misma hora y tampoco cenaron juntos porque Estela habia madrugado y se fue a la cama pronto, asi que David se decantó por irse de cena con sus normales amigotes, posteriormente se encontro una barra presidida por una muchacha bastante normal que bebía Jack Daniels.

Y fue entonces, cuando su relación normal con Estela se convirtió en una montaña rusa

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